Salud sexual y reproductiva: Cairo, 20 años después

A 20 años de la Conferencia de Población y Desarrollo celebrada en El Cairo, Egipto,  se ratifica que la persona es el centro del desarrollo humano, que el derecho al desarrollo es un derecho universal y es parte de los derechos humanos; además que la falta de desarrollo no puede ser excusa para justificar la violación de los derechos humanos. Entonces, ¿el Estado ha cumplido con los acuerdos pactados? ¿Ha habido avances o retrocesos? 

Hasta 1996, 265 mujeres morían a causa de la mortalidad materna; hasta el 2010, la cifra se redujo a 93. Si bien el número de  muertes ha disminuido, aún existen más de 90 mujeres que fallecen por circunstancias que se pueden prevenir. Para este año, el Perú se propuso la meta de reducir la cifra a 66 casos de mortalidad materna; por tal motivo, el Estado ha promovido el parto vertical y ha implementado casas de espera en varios lugares alejados del país para que las mujeres puedan traer a sus bebes al mundo con todas las condiciones, pero todavía se debe de trabajar aún más para garantizar que las gestantes tengan acceso a los controles prenatales y que los establecimientos de salud tengan capacidad de respuesta frente a una emergencia.

Respecto al uso de los métodos anticonceptivos en mujeres unidas, se ha registrado que el 39% de este grupo tiene entre 15 a 19 años de edad, y de las que usan métodos, el 13% lo hace a través del coito interrumpido, que no es un método para nada seguro.  Y como es previsible, los menores niveles de uso se da en las mujeres sin educación (60%) y en pobres (72.8%). A esto se suma, que el  Ministerio de Salud no proporciona métodos anticonceptivos a menores de edad; además que en algunos lugares no cuentan con el abastecimiento de métodos, es decir, no existe toda la oferta para elegir. Por ejemplo, el anticonceptivo oral de emergencia,  la anticoncepción oral de emergencia AOE, no se distribuye en los centros de salud, pero sí se venden en farmacias. Entonces, solo las personas que tienen recursos económicos pueden tener acceso a este método anticonceptivo.

De otro lado, el embarazo adolescente es donde existe gran preocupación. Si bien es un avance que se  haya aprobado el Plan Multisectorial de prevención del Embarazo Adolescente 2011-2021, aún continúan aumentando los casos. En 1992, la tasa era de 11.4%  y en 2014 de 14.6%. Además, cabe añadir que hay más adolescentes embarazas en la zona rural 22% y que el 24% pertenece al quintil inferior de riqueza, es decir, vive en la pobreza.

El Estado tiene como prioridad la reducción de la pobreza e implementa acciones para tal fin. Sin embargo, no realiza una política intersectorial que incluya la prevención, relacionadas a la sexualidad de los adolescentes, tal como la implementación de la Educación Sexual Integral en las escuelas. Cabe agregar que en este grupo de adolescentes embarazadas, el 34% cuenta con educación primaria; el 14.2%, con secundaria y 6.4%, con superior. De esta manera, la educación aparece como un factor protector para el embarazo precoz. 

En cuanto a la violencia contra la mujer, se ha aprobado la ley de violencia familiar, pero todavía es necesario que se trabaje aún más sobre este tema, sobre todo cuando aún muchas mujeres dependen económicamente de sus parejas y cuando no hay ningún departamento del país donde no exista esta problemática.

En otros aspectos, la aprobación del Protocolo Nacional de Aborto Terapéutico y la despenalización de relaciones sexuales consentidas entre y con adolescentes entre 14 y 18 años constituyen otros grandes logros en términos de salud reproductiva en el país.

No obstante, aún hay que trabajar en un auténtico acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva de calidad, teniendo en cuenta necesidades específicas de mujeres y hombres, de adolescentes, personas LGTBI, adultos mayores etc. Además, realizar una política de prevención y tratamiento del VIH Sida desde un enfoque de género, erradicando el estigma y  la discriminación.

Estamos en camino, pero aún falta trabajar para que el ser humano sea realmente el centro del desarrollo y, en términos de salud sexual y reproductiva, tenga la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos; asimismo de procrear y la libertad para decidir si hacerlo o no.

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